Vacunación obligatoria: entre el ataque a la libertad y la responsabilidad social

Vacunación obligatoria: entre el ataque a la libertad y la responsabilidad social

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Cada vez mas países y empresas se suman a esta medida, sobre todo por el rebrote de contagios por la variante Delta del Covid-19.

«Muchos hablan de libertad, pero la libertad también conlleva responsabilidades, así que hay que vacunarse», dijo el presidente de Estados Unidos Joe Biden días atrás, antes de decretar que millones de empleados federales deben inocularse o cumplir una serie de restricciones.

«Esto no es una cuestión entre estados republicanos o demócratas, sino una cuestión de vida o muerte», agregó el mandatario a la vez que explicaba que los trabajadores estatales debían llevar barbijos al trabajo, independientemente de su ubicación, mantener distanciamiento físico con otros empleados y cumplir con un requisito de pruebas de detección semanales o dos veces por semana.

Biden, además, anunció que subsidiará el pago de los días no trabajados por quienes se inmunicen y adelantó que ordenará al Pentágono que estudie la posibilidad de añadir la vacunación obligatoria para los miembros de las Fuerzas Armadas.

Pero…¿porqué un país que según sus propios eslogans, es símbolo de la libertad, pretende ahora presionar a sus ciudadanos para que se vacunen contra el Covid?

Una de las principales razones es el rebrote de contagios por la variante Delta. Otro motivo es la ralentización de la inmunización en su población, debido al escepticismo que provoca en algunos sectores la vacuna contra el Covid-19, sin importar desde que laboratorio provengan las dosis.

En Estados Unidos, donde la oferta de vacunas supera a la demanda, más de la mitad de la población se ha dado las dos dosis, pero casi un 40% no se ha vacunado por decisión propia.

La caída del 3,5% del PBI yanqui en 2020, provocado por la pandemia de Covid-19, fue la más drástica desde los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, y si bien en lo que va de 2021, los números de su economía han mejorado, lo hacen a un ritmo por debajo de lo que se proyectaba. Por lo que para el país norteamericano la vacunación no sólo es una cuestión de salud, si no también económica (no necesariamente en ese orden).

En California, el estado más poblado de ese país, antes del 21 de agosto todos los empleados públicos, incluyendo los del sector sanitario, deberán certificar que fueron inoculados o testearse dos veces por semana y usar tapabocas. Nueva York hará lo mismo a partir de septiembre, en una iniciativa que alcanzará a todos los trabajadores estatales, más estrictamente a quienes trabajan en el sector sanitario.

Pero no sólo el sector público es el que ha decidido instar a las personas a vacunarse, grandes empresas y corporaciones han tomado decisiones similares. Google y Facebook exigirán que todos sus empleados que desarrollen tareas en sus instalaciones estén inmunizados. El banco estadounidense Morgan Stanley y la cadena de almacenes de lujo Saks Fifth Avenue también obligarán a sus trabajadores a recibir uno de los fármacos. Twitter y Apple podrían tomar la misma medida.

Por otra parte, en Europa, Francia impulsó a través del presidente Emmanuel Macron, la inoculación obligatoria de los profesionales de la salud y de los que trabajan en contacto con personas vulnerables. Medida que provocó manifestaciones, contra el certificado sanitario y la vacunación obligatoria decretada por el mandatario para ciertas actividades.

Italia, por su parte, ya impuso la inmunización sí o sí para los trabajadores en los centros de salud y farmacéuticos, y Grecia sumó a esta lista a los empleados en residencias de adultos mayores, mientras que una medida similar está en estudio también en Reino Unido.

Hungría hizo lo mismo para el personal de salud y Rusia determinó que, en las regiones con mayor circulación del virus, los empleados considerados esenciales o que por su actividad están más expuestos deben vacunarse de forma obligatoria.

En otros lugares del mundo como en Australia, se decidió la vacunación obligatoria para el personal de residencias de mayores y empleados de hoteles, mientras que Indonesia anunció que impondrá multas a aquellos que se nieguen a recibir la inyección, algo parecido a lo que decretó Turkmenistán y Tayikistán, en donde la inoculación es obligatoria para todos los mayores de 18 años. 

Así como en Francia, en varios de los países que decidieron presionar a sus habitantes para que se inmunicen, se realizaron movilizaciones con consignas «a favor de la libertad».

En Argentina, con el 55% de la población vacunada con al menos una dosis y casi el 15% con la inmunización completada, ante la llegada de ya más de 40 millones de dosis, se empieza a detectar la misma problemática que tuvieron aquellos países que avanzaron con mayor celeridad en su plan vacunatorio: personas que no quieren vacunarse.

La provincia de Buenos Aires fue la primera en este país, que comenzó a solicitar un carnet de vacunación digital, para acceder a shoppings, restaurantes, gimnasios y clubes, en los cuales se permitiría un aforo mayor con personas vacunadas.

La Rioja tomó una medida similar y de a poco algunos municipios de todo el país han optado por decisiones estratégicas para lograr que más gente se vacune.

Es inminente que cada vez más gobiernos, ya sea nacionales, provinciales y locales, obliguen a sus ciudadanos a vacunarse. Decisión que como ya se vio en varios lugares del mundo, traerá descontento en quienes no creen que deban vacunarse para terminar con la pandemia (hay quiénes creen que ni siquiera existe la enfermedad).

El nuevo dilema que surge a raíz de esta problemática es si la vacunación obligatoria está bien o está mal, si es necesaria realmente y sobre todo, si es un corte a la libertad de aquellos ciudadanos que no desean inocularse o si debe ser tomada como una acción de responsabilidad social, para acabar con este flagelo que se ha llevado más de 4 millones de vidas a nivel mundial.

Fuentes: Noticias Argentinas- EFE España – BBC – France 24

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