Piquillín y el sueño pendiente de tener un equipo de fútbol en una liga oficial

Con menos de dos mil habitantes, hemos logrado tener tres jugadores en Primera División y varios más en categorías formativas. Sin embargo, ningún club nuestro compitió jamás de manera oficial.

Piquillín nunca tuvo un club jugando en una liga oficial de fútbol. Así, directo lo digo, porque no es un detalle menor.

En una localidad con menos de dos mil habitantes y profundamente futbolera, hemos logrado tener tres jugadores en Primera División y varios más en categorías formativas. Sin embargo, ningún club nuestro compitió jamás de manera oficial.

Al recordado Abelardo Vallejos, allá por los años 80 y 90, le siguió el “Chino” Luna en las primeras dos décadas de este siglo. Y ahora es el turno de Yuri Casermeiro, dando sus primeros pasos en el fútbol profesional. Los tres pasaron por Sol de Mayo en infantiles. Los tres tuvieron que emigrar para desarrollarse. Primero a clubes de la zona. Después, a estructuras profesionales.

Entonces surge la pregunta inevitable: ¿por qué Piquillín, a través de Sol de Mayo, no puede competir oficialmente en la Liga Regional de Fútbol de San Francisco? Y nombro a esta entidad porque es la que tiene mas trayectoria y ha estado más ligada al futbol históricamente.

No es sencillo. Hoy el costo rondaría los 250 mil pesos mensuales entre cuota de Liga, árbitros, adicionales policiales cuando se juega de local y el traslado del plantel en condición de visitante. Y eso es apenas la base.

Porque no se trata solo de un equipo de Primera. Se necesita Reserva y al menos cuatro categorías juveniles. Se necesita infraestructura. Se necesita un estadio cerrado, algo que hoy el club no posee. Y, quizás lo más difícil: recurso humano. Una comisión activa, comprometida, constante. Personas dispuestas a dedicar tiempo para que el fútbol funcione.

¿Es imposible? No. ¿Es muy difícil? Sí, pero no imposible.

Nada de esto se construye de la noche a la mañana. Es un proceso. Con planificación, continuidad y compromiso, podría lograrse. El ejemplo está cerca. La localidad de La Tordilla, con proporciones similares —incluso menores— ha sostenido durante décadas a su club Pueblos Unidos en la Liga de San Francisco, siendo incluso protagonista en varias temporadas.

Además, la propia Liga contó la temporada pasada con tres jugadores piquillinenses en distintos planteles, y desde siempre se ha nutrido de futbolistas nacidos aquí. Talento hay. Y sobra.

No hay que olvidar tampoco que entre 2010 y aproximadamente 2015, Sol de Mayo participó en una liga zonal no oficial donde fue protagonista y consiguió dos títulos. Cuando hubo organización, el resultado estuvo.

Entonces, las bases existen. Falta financiamiento privado. Falta acompañamiento. Falta gente que se haga cargo. Falta decisión colectiva.

Porque el fútbol no es solo competencia. Es contención. Es identidad. Es enseñar compañerismo, disciplina y amistad. Es darle a nuestros niños y jóvenes una herramienta para una vida sana y con valores.

Quizás sea un sueño. Quizás una utopía. Pero qué lindo sería ver a Sol de Mayo representando oficialmente a Piquillín en una liga. Y quién sabe… tal vez algún día deje de ser un sueño pendiente.