«Yo decía que no iba a llegar a los 100 y sin darme cuenta ese día llegó»

«Yo decía que no iba a llegar a los 100 y sin darme cuenta ese día llegó»

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Margarita Paná cumplió un siglo de vida, pero no tiene grandes recetas de cómo llegar a esa edad. A la centenaria abuela, el municipio la nombró ciudadana ilustre, y su familia le realizó un gran festejo de cumpleaños.

Yo llegué a los 100 muy tranquila, ni me he dado cuenta que fui cumpliendo años, pero el tiempo pasó y tuve la suerte de que no tuve ninguna enfermedad”, con esta frase nos recibe Margarita Paná en su casa, donde le pedimos entrevistarla. Seguramente acostumbrada a la pregunta que casi todos le hicieron, de como se hace para llegar a cumplir cien años, y si hay alguna receta para lograrlo, la centenaria mujer nos reveló su secreto: “En realidad yo siempre me mantuve haciendo cosas, y tratando de no hacerme mala sangre”.

Margarita es nativa de Marull, es la séptima de nueve hermanos, y a los siete años se vino a vivir a la zona rural de Piquillín. Su mamá murió muy joven (52 años), cuando ella tenía 16, quedando así a cargo de sus hermanos menores, en el campo. “Cuando llegamos acá (a Piquillín) era puro monte, sólo había algunas casas. Y por acá cerca un restorán, donde hospedaban gente también, y unos pocos almacenes. Para edificar había que sacar plantas”, comenta Margarita sobre como vio la localidad, luego de mudarse aquí desde su pueblo natal.

“El pueblo fue cambiando mucho, de los dos lados (norte y sur), no estaba la plaza, no había nada. Yo recuerdo que el correo en ese tiempo estaba en la misma escuela primaria”, rememora la adorable bisabuela de nueve bisnietos.

Al preguntarle en donde se había educado, “Doña Marga”, respondió: “Yo fui a la escuela de acá (Domingo Faustino Sarmiento), a donde mande a mis hijos y fueron mis nietos”.

Margarita también rememoró la vieja iglesia local: “Me acuerdo que el cura venía de Capilla de los Remedios a dar misa en un sulki. La capilla en ese entonces era pequeña, después la ampliaron dos veces, hasta que hicieron el templo nuevo”.

-¿Cuando se vino del campo hacia el pueblo, Margarita?
Viví unos años en el campo hasta que me puse de novia con mi marido; Jorge, me casé y con él nos vinimos a vivir a esta casa en la que estoy ahora. A la que fuimos ampliando cuando tuvimos los hijos. Hace más de 50 años que estoy acá en esta casa.

-¿A qué se dedicaba su marido?
Él trabajaba en el campo, con la cosechadora, tenía herramientas, caballos. También en el monte, sacaba leña. Yo mientras cuidaba a nuestros hijos, me ocupaba de las cosas de la casa.

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Cien años es una cifra a la que pocos seres humanos llegan, un siglo de vida no es poco, pero a Margarita se la ve radiante, con buen animo y buena salud. Comenta entonces, cuando se le pregunta por las actividades que realiza a diario: “Estoy activa, lavo algunas cosas, pocas, porque tenemos lavarropas”, dice mientras sonríe, y agrega : “También coso, me doy valor para hacer cualquier cosa”. Además destaca que sus hijos están al pendiente de ella y que “hay una muchacha que viene a dormir conmigo todas las noches”,y que “es muy buena”.

Margarita, tiene tres hijos (Edelmiro, Amanda y Mary), ocho nietos y 9 bisnietos. Nació un 19 de Diciembre de 1919, y pocos días después de cumplir 100 años, su familia le organizó un gran festejo en el Salón Municipal, con más de 300 invitados: “En mi cumpleaños estuvo toda mi familia, y casi todo el pueblo, se invitaban solos algunos”, comenta con picardía. Y completa la anécdota: “Había vecinos que me decían que cuando yo cumpliera 100 años, iban a venir a festejarlo. Yo les decía que no iba a llegar, pero ese día llegó”.

-¿Cómo estuvo la fiesta?
La fiesta estuvo muy linda, vino el intendente a saludarme, me dio una placa (el municipio la declaró ciudadana ilustre), y un ramo de flores que no podía tenerlo de grande que era.
En el cumpleaños estuve muy divertida, y lo pasé muy tranquila. Hacía tres meses que estaba con nervios, porque a mi me gusta hacer las fiestas bien, pero no me dejaron meterme en nada. Entre mis hijos y nietos la organizaron, la gente quedó muy contenta y me venían a felicitar.

-¿Bailó usted Margarita?
Me querían hacer bailar porque a mi me gustaba mucho el baile de joven. Pero ese día no quería bailar. Igual bailé tango con un profesor, y la gente le decía: “¡Basta que la va a cansar a la nona!”

La Municipalidad de Piquillín nombró a Margarita «ciudadana ilustre».

Se apaga la cámara y Margarita se disculpa “por si no respondí bien las preguntas”. Reitera que disfrutó mucho de su fiesta de cumpleaños, que le agradece mucho por ello a su familia y a los vecinos, por los cuales se siente muy querida, y varias perlitas más, que no podemos reproducir en esta nota, para no romper el «off”, ni el encanto de haber pasado una tarde con una abuelita muy simpática, que ya está pensando en su próximo festejo de cumpleaños.

Esta entrevista fue publicada en la edición #87 de Revista El Piquillense.

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